Todo un gesto: un comedor comunitario para perros callejeros en barrio Vélez Sarsfield
Se llaman Susana y Juan Carlos, pero son más conocidos como "la familia que rescata y alimenta a perros" en situación de calle. En su casa, los canes callejeros o que dejaron abandonados a su suerte, disponen de un lugar donde calmar el hambre y la sed.
Cuidar y ayudar a los animales son gestos que merecen ser resaltados, más aún cuando se realizan sin ningún tipo de interés de por medio. De hecho, en muchos lugares del mundo ya es tendencia que personas voluntariamente ayudan a perros que no tienen hogar y se preocupen de su cuidado y alimentación.
Hoy te mostramos la historia de Susana Stola y Juan Carlos Giordano, un matrimonio que diariamente se dedica a brindar atención y ayuda al mejor amigo del hombre.
Ambos jubilados, además de los propios, llegaron a recibir a más de 20 perros en su casa de calle Vélez Satsfield al 600, en el barrio que lleva el mismo nombre. Juan realiza algunas changas y Susana se dedica a la costura. Desde hace muchos años, alimentan a los perros de la calle, a tal punto de resignar sus vacaciones para no abandonar la tarea.
Cada día -no importa si llueve, si es feriado, si hay un cumpleaños familiar-, ellos se levantan muy temprano para elaborar la comida que los perros vienen a buscar cuando la aguja del reloj se acerca a las doce. Aunque aseguran que las puertas de su casa están abiertas las 24 horas del día si un animal necesita ayuda, el mediodía no es más que el punto de encuentro de los canes. Y no todos son callejeros, algunos tienen dueños pero parece que les gusta más "la cocina" de los Giordano-Stola.
Estos voluntarios no llevan contabilizados los años que realizan la generosa tarea, pero afirman que "son muchos". Sobre la motivación, confiesan compartir el mismo amor por los animales.
"Cada vez que conocemos un hecho de maltrato animal a través de los medios de comunicación, nos indigna. El caso Chocolate (el cachorro despellejado vivo que murió en enero y se convirtió en un símbolo del maltrato animal) fue un punto de inflexión. Fue terrible y brutal lo que hicieron con ese pobre animal", se lamenta Susana.
Ella y su esposo diariamente hacen un esfuerzo y sacan dinero de su bolsillo para comprar carne y alimento balanceado. Los vecinos y comercios del barrio también ayudan.
"No hay hora ni día, las puertas de nuestra casa están siempre abiertas para los animales", afirma Juan y cuenta una anécdota que la tiene a su mujer como protagonista: "Una vez viajamos a Villa María, por cuestiones de salud, y ella llevó elementos de atención primaria para curar a animales desprotegidos. Yo le pregunté por qué lo hacía y ella me respondió que seguro, como en San Francisco, en esa ciudad también habría algún perrito sufriendo en la calle. Y así fue, ayudó a un animal que estaba herido".
Además, expresaron su indignación con los dueños de los canes que los abandonan a su suerte. "Es un acto muy cruel dejar tirados a los animales", señala Juan.
Otra anécdota
En una ocasión, "un gato cayó a un caño de desagüe, entonces hablamos con los bomberos, quienes nos recomendaron arrojar dos baldes de agua con detergente". Así lo hizo el matrimonio y rescató a un gatito hace nueve años, que hoy es otra de sus mascotas.
Si bien sus hijos, Roberto y Gabriela, y sus cinco nietos los apoyan en la iniciativa y valoran el gesto, les reclaman que resten tiempo a otras cuestiones para ayudar abnegadamente a perros ajenos.
Ellos no solo les brindan un plato de comida, sino además cariño, abrigo y hasta les hablan. "SÍ, ¡les hablamos a los animales!. Porque ellos merecen el mismo trato y respeto que las personas", aseveran con convicción.
"A uno le da lástima que algunas personas no atiendan a los animales, que los traten mal, que no los alimenten bien", dice Susana.
"Hace años que no nos vamos de vacaciones porque la señora no quiere dejar solos a los perros", arremete Juan entre sonrisas cómplices y mirando a su esposa.
