Maestras particulares: el apoyo y el impulso necesario para avanzar
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Matemática, Física, Química. A veces estas materias suelen ser las más difíciles y complicadas para los estudiantes de todos los niveles y en otros casos, es necesario reforzar para dar comienzo a una carrera universitaria. Las maestras particulares desde siempre acompañan. Este es el caso de Stella Maris Ardusso, Gloria Cassettai y Mónica Giletta, pilares fundamentales para seguir adelante.
Por Stefanía Musso | LVSJ
Febrero es un mes especial. Muchos jóvenes empiezan a estudiar para los exámenes que quedaron pendientes, los del ingreso, los nivelatorios o simplemente comienzan a reforzar temas que no se entienden.
Los estudiantes, sin importar en el nivel educativo, muchas veces necesitan el apoyo en esas materias que pueden resultar más difíciles o en cuestiones que tal vez no comprenden.
Para ello están las maestras particulares. Esas profesionales que convirtieron sus livings o comedores de sus casas en verdaderas aulas compartidas para que chicos de distintas edades puedan salir adelante.
Stella Ardusso: "Un 9 o un 10 en Física es el mejor imán para la heladera"
En la casa de Stella, la gran mesa del comedor es una verdadera sala de estudios. La mujer de 68, lleva más de 30 años como maestra particular dedicada a matemática y física, y ayuda a jóvenes de quinto y sexto grado del nivel primario, del secundario, para el ingreso al terciario y universitario, pero solo, como ella dice "antiguas materias"
Para Stella, "ser docente es un apostolado, se lleva en el alma. Es ser el mediador entre la construcción del conocimiento y el mundo, pero también el complemento con la educación que se imparte en el aula y que, por muchas cuestiones, quien está al frente de un curso no puede profundizar".

"Ser docente es el complemento con la educación que se imparte en el aula", señaló Stella Ardusso.
"Es hacerles ver a los estudiantes que ciertos conocimientos abstractos tienen aplicación en la vida diaria, principalmente matemática que es una asignatura que ellos cuando vienen por primera vez tienen autoestima bajísima y no entienden entonces, lo primero se debe tratar es de llegar al niño, adolescente o adulto, lograr una autoestima elevada y el ´Yo sí puedo´. Cuando se rompe el hielo, el estudiante toma confianza y empieza a progresar y sentirse feliz. Después vienen las ecuaciones, los problemas y demás".
"Otro consejo es que no deben acostumbrarse a la maestra particular solo cuando un tema no lo entienden", agregó.
"La mayor satisfacción es cuando vemos que ellos vienen con una buena nota y se sienten felices, Siempre les digo que un 9 o un diez en una evaluación de física se debe pegar en la heladera. Es el mejor imán que podemos ponerle".
Entre el ayer y el hoy
Por la mesa de Stella pasaron muchas generaciones de estudiantes y aseguró que hay muchas diferencias entre los chicos de ayer y los de hoy. Antes era más fácil, venían contentos, estudiaban muchísimo y para cada cosa que explicaba tenían mil preguntas que hacerme, algo que en la actualidad ocurre en raras ocasiones".
"Las clases virtuales jamás lograrán reemplazar las presenciales, pero reconozco que, como complemento, sirven. Los chicos saben muchísimo de computación y eso motiva la búsqueda inmediata en Internet y allí es donde la elaboración del conocimiento se pierde".
Una vida como docente
Stella comenzó este camino hace más de tres décadas. "No existe una fecha. Un determinado año sentí la necesidad de ayudar a los demás y surgió de mí, esas ganas de ser docente".
"Elegí este camino para devolverle a la vida tantas oportunidades y cosas bonitas que me regalo la vida. Lo hago porque "amo" lo que ellos nos pueden enseñar a nosotros y mantenernos jóvenes con sus anécdotas, sus miedos; es una profesión enriquecedora".
Aunque ya podría disfrutar de su jubilación y los nietos por tiempo completo, Stella insiste en hacerlo. "Simplemente es el deseo de ver cómo sigue la educación, cómo cambia el mundo y cómo influye en nuestros niños. Cuando estoy con ellos se llena el alma de sus risas y de sus chistes", concluyó.
Gloria Cassettai: "Ser maestra particular es ayudar, elevar y hacer fuerte al estudiante"
En lo de la profesora Gloria Cassettai, una gran mesa da la bienvenida a los estudiantes. Lo que hoy es una nueva tapa de fibrofácil para presentar mejor ese lugar donde apoyan sus útiles los que van, resguarda debajo un gran tesoro: los cientos de nombres de chicas y chicos que, con "cuchillito", corrector y lapicera; dejaron grabados sus nombres como si hubiera sido un ritual de pertenencia, una forma de expresarse o tal vez, una especie de cábala para el examen.
Para Gloria, esos nombres debajo de la tapa de la mesa, parecen darle aun la energía de seguir dando clases de química, tanto al nivel secundario como superior.
Con 71 años, la profe comenzó con las clases particulares antes de ingresar a un aula de manera formal y hasta el día de hoy es buscada para esa "ayudita" necesaria en química para los niveles secundario y universitario.

"Mi misión es que a los estudiantes les encante la materia y que no sea feo estudiarla, sino una satisfacción", expresó Gloria Cassettai.
Para la docente, ser maestra particular "es ayudar, elevar y hacer fuerte al estudiante. Mi misión es que a los estudiantes les encante la materia y que no sea un feo estudiarla, sino una satisfacción".
"El chico que llega viene con ganas de aprender la materia, pero los de hoy, quiere todo más rápido, sacar el ejercicio con mayor velocidad y tal vez los de antes eran más razonadores, más comprometidos con los pasos para llegar al resultado. Pero no es una diferencia tan abismal".
En este sentido y hablando de la virtualidad, "esta forma de educar corta la comunión entre el docente y el alumno, lo cual hace que el aprendizaje no sea de la misma forma. Lo presencia permite que se aclaren las dudas de otras maneras por eso, es fundamental. A los chicos los cansó mucho la virtualidad, sintieron bronca y otros abandonan las carreras porque no se puede trasmitir el conocimiento de la misma manera".
Mi mayor satisfacción era cuando me avisaban que les iba bien, que hicieron cosas que no podían hacer y lo lograron. Ese "aprendí", "llegué", "lo hice" es una satisfacción".
"La profe Cassettai"
La "profe Cassettai" es el nombre con el que todos la conocemos, pero ella es Gloria Beatriz Lista. "Para todos siempre fui conocida con el apellido de mi esposo, porque así es como éramos anotadas en las planillas de las escuelas".
Por las materias Química Inorgánica y Orgánica, antes Merciología, Fisicoquímica; empezó a tomar cariño por la docencia "Este camino lo elegí porque realmente me apasionó siempre. Empecé trabajando en laboratorios de fábrica por mi título, pero luego me volqué a la educación y cursé las materias pedagógicas. Me ayudó mi formación del secundario para ser docente".
Con Gloria se formaron muchos, pero tuvo alumnas de otros puntos del mapa como desde Irán y los Estados Unidos. "Tuve que ponerme con internet, manejarlo y encontrarnos a las 4 o 5 de la mañana para tener clases. Para mí fue un aprendizaje y una experiencia hermosa haber podido acompañarlas en ese proceso".
Aunque podría disfrutar de todo su día libre -ya que a la mañana su nieta ocupa sus horas- no abandona la educación en su casa, en su mesa de siempre. "Lo elijo hoy y siempre a este camino. Me jubilé de las escuelas, pero seguí estudiando con muchísimo ahínco, porque aun hoy, me encanta hacerlo".
Mónica Giletta: "Disfruto cómo evolucionan, maduran y dejan de lado los preconceptos"
A sus 62 años, Mónica Giletta sigue siendo profesora y disfrutando de su vocación. "No me defino como maestra particular. Soy una docente que dedica parte de su tiempo a ayudar a que los alumnos descubran sus potenciales, lo puedan aplicar y sepan resolver".

Mónica y el recuerdo de los alumnos que pasaron por sus clases particulares.
Sin embargo, "sentarte con un alumno en tu casa te da una visión totalmente distinta al aula porque ves por donde va su pensamiento y su resistencia. Es una experiencia gratificante que los ayuda para el aula pero también es una herramienta que permite ver cómo son y qué sienten".
Del barrio a las aulas
Con 15 años, "Me dí cuenta que la docencia es algo innato en mí. Es una de las cosas que más disfruto hacer. Empecé a sentir esta pasión en la escuela secundaria cuando les explicaba a mis compañeras o a mis vecinos del barrio sobre ciencias exactas. Me dí cuenta que, en ese momento, ya estaba haciendo un proceso intelectual que implicaba aprender, relaciona y establecer conexiones entre los contenidos porque me era muy fácil explicar de manera simple algo que para otros era muy complejo".
"Todo ese proceso de enseñar, increíblemente decidió mi futuro porque cuando tuve que elegir mi futuro, aunque me apasionan las ciencias exactas y la investigación, amaba enseñar por sobre todas las cosas. Por eso, elegí una carrera docente, que sea Biología y Química porque me gustan, son mi fuerte, que las puedo ver y sentir, y puedo poder trasmitir a mis alumnos esa pasión", contó la docente.
Esta profunda vocación la llevó a ser profesora, directora de uno de los principales establecimientos educativos de la ciudad como es la Escuela Normal Dr. Nicolás Avellaneda y finalmente ejerció el cargo de inspectora, cerrando su trayectoria pedagógica. A pesar de este importante recorrido, nunca dejó sus clases personalizadas.
Eso que la llevó hasta sentarse al lado de alumnos del secundario cuando no entendían, hoy continúa en su casa como maestra particular. "Me costaba entender que a los chicos no le gustaba la materia, pero lo que debemos desarrollar es el placer que causa aprender por eso, a lo largo de la vida fui aceptando desafíos que pusieron a prueba mi capacidad, de estudiar sola para poder comprender para poder trasmitir eso y el placer que brinda resolver un ejercicio".
Lo que tanto le gusta a Mónica es lo que la impulsa a formar chicos para la universidad o preparar materias de los primeros años de nivel superior. "Siempre hay algún alumno secundario, pero ellos solo necesitan un empujón. En el nivel superior es mucho más desafiante. Desafiar al alumno resolviendo cuestiones que parecen complicadas y pone en juego el conocimiento es lo que hace que disfrute y pueda aprender".
El pasado, el presente y el futuro
Haciendo una comparación entre los estudiantes de antes y de hoy, "no sé si hay diferencias entre los chicos de antes y de hoy. Los que vienen a estudiar conmigo, son los que se están jugando el futuro, pero lo que ocurre con los actuales es que son jóvenes con muchas actividades y eso hace que dediquen menos tiempo o quieren todo resulto de manera inmediata. A veces, es cuestión de tiempo y que la mente lo resulta sola".
"La rapidez para resolver un examen requiere mucho entrenamiento y a veces no les dan tiempo a los procesos mentales", confió.
Para la docente, "la mayor satisfacción es cuando el alumno llegó a tu nivel de pensamiento y a niveles de pensamiento, pero más aún, hacerlo de otra manera diferente y establecer otras maneras de comprender".
Mónica seguro que no va a dejar la docencia. "Tengo 62 años y cada día tengo un desafío distinto hacia un alumno, una negación, la materia que enseñé, un ejercicio que nunca vi o rever un tema. Todo eso me ayuda a seguir en ritmo porque amo enseñar, disfruto de esto y más de cómo evolucionan, maduran y dejan de lado los preconceptos o resistencia sobre la química y la biología".
