Los jubilados siempre pierden
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El sistema jubilatorio argentino sufre de inconvenientes severos. La estructura previsional continuará siendo deficitaria y la gran mayoría de nuestros adultos mayores volverá a perder e intentará sobrevivir luego de haberse esforzado y aportado durante años, rehenes del egoísmo y el sectarismo político.
Después de largos meses en los que se mostraba inflexible, el gobierno nacional aparentemente decidió modificar el proyecto de ley de Movilidad Jubilatoria que comenzará a tratar el Parlamento en breve. La iniciativa había tenido un impacto muy negativo, pese a que el relato oficial buscaba edulcorar la amarga sensación de que los jubilados siguen siendo el pato de la boda.
De acuerdo a lo que informó la agencia oficial Télam, fue el propio presidente de la Nación el que resolvió que la actualización de los haberes jubilatorios será cada tres meses en lugar de cada seis. Y se argumentó que la decisión se tomó para "empalmar" los meses de "enero, febrero y marzo", que estaban "afuera" de la actualización porque la fórmula del anterior gobierno se aprobó en diciembre de 2017, pero empezó a regir en marzo de 2018, indicaron a esta agencia las fuentes oficiales. Además, la bancada oficialista impulsó que el incremento previsional del 5% otorgado recientemente no fuera a cuenta del aumento que se otorgará en marzo próximo.
Como se conoce, el proyecto de ley modifica el índice de movilidad jubilatoria, elaborado en base al trabajo de una comisión mixta, y comenzará a utilizarse desde 2021, cuando venza el actual período de emergencia en la materia. Será tratado en las próximas semanas en el Congreso y ha despertado numerosos cuestionamientos porque la fórmula de actualización no asoma como un reaseguro para que las jubilaciones no se atrasen más aún respecto de la inflación.
Es cierto que el sistema jubilatorio argentino sufre de inconvenientes severos. La gran mayoría de ellos surgidos del uso indiscriminado, y con otros fines, de los recursos que millones de argentinos aportan cada mes. Se podrá señalar que los tiempos actuales requieren una reforma profunda del sistema previsional atento a la mayor expectativa de vida promedio y a la necesidad de brindarle sustentabilidad. Sin embargo, el despilfarro protagonizado por todos los gobiernos es el denominador común de las últimas décadas. Así, cualquier proyecto de modificación de las leyes jubilatorias navegará entre indefiniciones y diatribas. Nadie querrá pagar el costo político de los cambios en un sistema del que todos se han aprovechado.
En este marco, bienvenidas las modificaciones anunciadas a la ley de Movilidad Jubilatoria, aun en el convencimiento de que esto es solo un paliativo frente a la acuciante realidad económica por la que millones de adultos mayores continuarán perdiendo poder adquisitivo. Porque para 2021 se estima que el incremento de las jubilaciones apenas será superior al 30%, mientras que la inflación proyectada llegaría a más del 45%, muy por arriba incluso de la que prevé el Presupuesto Nacional (29%), dato que históricamente ha sido un dibujo.
Mientras tanto, seguramente esta modificación será motivo de nuevas piezas de verborragia propagandística oficial y la deuda con nuestros jubilados se mantendrá incólume. Mientras tanto, la estructura previsional continuará siendo deficitaria y la gran mayoría de nuestros adultos mayores volverá a perder e intentará sobrevivir luego de haberse esforzado y aportado durante años. Mientras tanto, la caja previsional seguirá vaciada por las necesidades surgidas del egoísmo y el sectarismo político.
