La triste vigencia del arrebato
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Hechos de este tipo son frecuentes en la ciudad, por más que no siempre se publiquen en la prensa. Incluso muchos ni siquiera se denuncian. Pero en la vía pública sanfrancisqueña son habituales.
Se define como arrebato aquello que se produce de manera repentina, llevado por un impulso y por la intensidad del acto. Por extensión, la modalidad delictiva conocida con ese nombre se vincula con la acción intempestiva y sorpresiva por la cual un ladrón se hace de alguna propiedad ajena aprovechando algún descuido de la víctima. En algunos casos, el arrebato incluso tiene dosis de violencia que pueden provocar severas lesiones a quien lo sufre.
En efecto, hechos de este tipo son frecuentes en la ciudad, por más que no siempre se publiquen en la prensa. Incluso muchos ni siquiera se denuncian. Pero en la vía pública sanfrancisqueña son habituales las escenas en las que uno o dos sujetos -que generalmente se conducen en motocicletas- atacan a un transeúnte y lo despojan de su cartera o teléfono celular, por citar algunos de los elementos que roban.
El arrebato es uno de los delitos más antiguos y, al mismo tiempo, muy complicado de erradicar. Existen zonas en las que los arrebatadores se manejan a sus anchas desde hace años. Años atrás, la propia policía identificó a los barrios Sarmiento y Catedral como lugares en los que se producen de manera frecuente, siendo las mujeres y los adultos mayores las víctimas más repetidas del accionar de estos individuos. La alarma social ha determinado que se tomen precauciones al salir a la calle, no obstante lo cual continúa siendo floreciente el "negocio" de los asaltantes.
En este punto, conviene remarcar que disuadir a los arrebatadores no solo es tarea policial. Evitar la desaprensión con la que se manejan determinados objetos en la vía pública es una necesidad. Porque de este modo, quien circula por las calles buscando a sus víctimas no encontrará facilidades. Por ejemplo, de alguna manera se puede prevenir el delito al no llevar carteras o bolsos colgando del brazo o del manubrio de una bicicleta, evitar las ostentaciones de productos tecnológicos manuales, mantener reserva en torno a operaciones que impliquen llevar dinero a cuestas, mantenerse atentos a lo que ocurre en el tránsito, sortear los lugares poco iluminados y estar alertas si debe uno estar parado largo tiempo en las paradas del transporte urbano, entre otras.
De todos modos, quizás estas prevenciones no alcancen. Y por ello la fuerza de seguridad debe tener planes de acción para vigilar el accionar de delincuentes que siguen actuando en la vía pública, a veces hasta con impunidad y con una violencia que no se ha visto antes. Por todo lo dicho y apelando a la etimología, quizás el origen de la palabra arrebato nos de alguna pista sobre cómo actuar: el término proviene de rebato (y la acción de rebatar) que era una convocatoria a los miembros de una comunidad para avisar de algún posible ataque. Al conocer que los arrebatadores se pasean por la ciudad, la acción conjunta entre policía y vecinos es la única manera de impedir que se sigan saliendo con la suya.
