En época de pandemia, la odisea de los camioneros contada en 5 historias
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Dicen que el coronavirus les cambió las costumbres, a la vez que admiten que en algunos lugares son discriminados y les cuesta encontrar sitios donde higienizarse o utilizar los sanitarios. Con sus camiones a la vera de la ruta 158, sin poder entrar a San Francisco, los transportistas contaron cómo cambió su rutina.
Ellos son los verdaderos protagonistas del tránsito en las rutas. Llevando consigo gran parte de la actividad económica que permite el desarrollo de los países, su trabajo adquiere una importancia vital, aún más en tiempo de pandemia. Sin embargo, la odisea se complica a medida que surgen nuevos casos de coronavirus.
En reiteradas oportunidades, al arribar al ingreso de las ciudades son sometidos a estrictos controles ante el temor de que puedan ser portadores del virus. Si el test rápido da negativo, pueden seguir viaje, de lo contrario, deben hacer un hisopado y de su resultado dependerás si deberán detener la marcha por 14 días en ese lugar o no.
Estos choferes atraviesan el mapa argentino y algunos de ellos llegan hasta países limítrofes como Brasil o Chile. Todas regiones donde existe una importante circulación comunitaria de covid -19.
El puesto sanitario ubicado en el ingreso oeste a San Francisco (intersección de las rutas nacionales 19 y 158) recibe a diario a cientos de transportistas que son testeados para saber si tuvieron contacto con el virus.
En la mañana del domingo los choferes de unos 20 camiones de gran porte, procedentes de diferentes países como Brasil, Paraguay y Chile, junto a algunos de nuestro país pero con destino internacional, aguardaban pacientemente el turno para realizarse el examen sanitario correspondiente.

Rodrigo Souza condujo 791 kilómetros,
desde Sao Borja hasta nuestra ciudad.
La vida en la ruta
Acomodados en el interior de las cabinas donde pasan la mayor parte de sus días, cinco choferes relataron sus respectivas historias acerca de cómo es trabajar en la ruta en tiempos de coronavirus.
Alejandro Tarditti es oriundo de Saturnino María Laspiur, conduce un camión marca Scania R 380 de la empresa Akron, con maquinarias agrícolas. "El control que hacen acá está perfecto, porque yo vengo de Necochea y quiero volver a mi casa sabiendo que estoy bien", expresó.

Alejandro Tarditti aguardaba el resultado
del test rápido.
Mientras hablaba se le dibujó una sonrisa en el rostro ya que uno de los voluntarios que le realizó el test le comunicó que había dado negativo. "Esto me da una gran tranquilidad para volver a mi casa para estar con mi familia sin ningún riesgo", dijo con alivio.
Rodrigo Souza es oriundo de Curitiba, Brasil, tiene 31 años y hace 10 que trabaja como chofer de camiones. Condujo un Iveco 440 durante 791 kilómetros desde Sao Borja hasta llegar a San Francisco transportando repuestos para vehículos que tienen destino final la ciudad de Córdoba.

En tiempo de coronavirus, a pesar de ser
una de las actividades excluidas del aislamiento obligatorio del decreto
presidencial, cada municipio escribió sus propias reglas de confinamiento,
realizando controles estrictos en las rutas que atraviesan las ciudades, los
que convirtió a los viajes de los camioneros en toda una odisea.
En el puesto sanitario estuvo una hora que tomó la realización del examen y el resultado que le permitiera continuar su viaje. En el trayecto dijo que "había muchos controles".
"Creo que es importante hacerlos porque esto nos permite saber qué está pasando con el covid. En Brasil es un problema muy grave y sin embargo la situación está más relajada, no hay tantos controles y se ve a muchas personas sin utilizar máscara facial", contó.
La suya no fue la primera parada ya que durante su viaje "tuvo que pasar por un examen similar en Santa Fe y también le dio negativo" por lo cual lo dejaron seguir andando.

Ayer una veintena de camiones a la vera de la ruta 158, sin poder entrar a la ciudad hasta corroborar que sus conductores no portaban el virus.
Una vida en la ruta
En la zona de espera, sobre la ruta 128, también estaba Jaime Ahumada, de 61 años quien conserva el inconfundible acento de su Chile natal. Su "máquina" es un moderno camión Volvo FH que transporta carne y su trayecto une a su país con Paraguay.
Pese al tiempo que debe destinar en cada control para descartar un resultado positivo, Jaime se resigna porque "es algo que hay que hacer porque se enfrenta a una pandemia y hay que respetarla".
Como chofer de un camión de tráfico internacional es consciente del riesgo que corre respecto de la posibilidad de contraer el virus, por ello se puso de ejemplo: "Nosotros transitamos por tres países y hay que hacer los controles para estar tranquilos".
Tal como ocurre con el resto de los camioneros, Jaime transita gran parte de su vida arriba del pesado vehículo. Entre las principales medidas que adopta para prevenir el contagio comentó que "trata de mantener la distancia con el resto de las personas para no tener contacto físico".

Jaime Ahumada y Fernando Urrego, camioneros chileno y colombiano, respectivamente.
Camaradería en los viajes
Si bien Jaime viaja solo en su camión Volvo, a pocos metros está Fernando Urrego, un chofer colombiano de 47 años. Trabaja para una empresa de capitales chilenos que también transporta carne.
En el parador sanitario Fernando hizo alusión a su compañero de ruta chileno: "Viajamos juntos por seguridad". Y opinó: "Creo que los controles están muy bien, para cuidarnos del coronavirus".
"Se anota un punto a la previsión de las personas y los países donde se hacen los controles", indicó, pero al mismo tiempo consideró que "el mecanismo de detección del virus que se aplica en nuestra ciudad es obsoleto" porque "en su caso (los camioneros) viven arriba del camión".
Sobre los testeos ejemplificó: "En mi caso llevo ocho meses encima de él sin siquiera ir a mi casa. Descargo y cargo, eso es todo lo que hago. ¿Qué coronavirus puedo tener yo si no tengo contacto con nadie?".
De Argentina a Chile
Al igual que el resto de los transportistas, Miguel Merlos, oriundo de Santo Tomé (Corrientes) llegó a San Francisco a bordo de un flamante camión Volvo 500 que trasladaba desde su ciudad hasta Santiago de Chile.
"El camión es la mercadería que transporto", señaló y coincidió con el resto de sus colegas acerca de que "lo complicado de su trabajo son los controles".
Merlos afirmó: "Paso todas las horas del día en el camión, nosotros no tenemos contacto prácticamente con nadie porque ni bien llegamos entregamos el camión y nos subimos a colectivos particulares desde donde nos volvemos hasta nuestro lugar de origen".

Miguel Merlos, correntino: "La pandemia les cambió la vida a todos, pero particularmente a nosotros, los transportistas".
"Nos discriminan por ser camioneros"
La actividad del camionero no solo es dura por el hecho de que pasan gran parte de su vida en el interior del vehículo recorriendo rutas de diferentes países. A esto se le suma que en este momento de pandemia son objeto de discriminación.
Al menos así lo explicó Miguel que adujo: "Nos discriminan por ser camioneros, en todo el país". A raíz de esto se les hace cada vez más difícil encontrar sitios que los acepten y les permitan cumplir con las necesidades más básicas como higienizarse, alimentarse o utilizar los sanitarios.
"En algunos lugares nos dejan parar. Por lo general lo hacemos en las estaciones de servicio YPF y en algunos playones particulares o bien en algún peaje", agregó. En tanto, aclaró también que desde San Francisco hacia Mendoza "algunos peajes tienen las duchas y los baños cerrados para ellos".
La reflexión de este hombre es certera: "La pandemia les cambió la vida a todos en general, pero particularmente a nosotros, los transportistas, que parece que tenemos que estar presos en nuestros camiones porque cuando llegamos a un lugar estamos unos minutos y ya tenemos que irnos".


