El clima, otra vez en carrera
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La cooperación en este campo tan afligente es vital. Más en este momento donde las palabras deben dar paso a los hechos concretos.
Los últimos días de abril trajeron la novedad de que volvió el mundo a debatir sobre la crisis climática. En efecto, convocada por el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, se desarrolló una cumbre virtual de mandatarios de todo el planeta para analizar la actual situación del cambio climático y reavivar los diálogos para la reducción de gases de efecto invernadero.
"Estados Unidos ha vuelto", dijo el hoy habitante de la Casa Blanca luego de que pasaran varios años en los que su antecesor hiciera todos los esfuerzos para negar la evidencia de que es necesaria una acción multilateral enérgica para luchar contra el calentamiento global y sus previsiones catastróficas para las próximas décadas. Esto, en sí mismo, es una buena noticia por el peso diplomático de la potencia del norte y porque es, después de China, el mayor contaminador del mundo.
Se trata de un cambio de paradigma fundamental para llegar a mediados de este siglo con la eliminación de casi la mitad de la polución que el mundo genera hoy. Tanto es así que las promesas de Estados Unidos para bajar las emisiones de gases al 50% para 2030 sirvieron para que China anuncie, por primera vez, que reducirá gradualmente el uso de carbón entre 2025 y 2030, aun cuando su líder, Xi Jinping, no explicó cómo lo hará. En la misma dirección,Japón ha prometido reducir sus emisiones en un 46% a finales de esta década en comparación con 2013. Canadá, Corea del Sur están comprometidos a mejorar sus propios objetivos. La Unión Europea ya acordó su plan. Y los demás líderes mundiales actuaron en la misma sintonía.
Se puede inferir, entonces, que se volvió a dar la partida a la carrera para la reducción de los gases invernaderos que permitirían aliviar la crisis del clima mundial, luego de varios años de estancamiento. Se trata de un hecho auspicioso en medio de las noticias que provocan pesadumbre respecto de la marcha de la pandemia del coronavirus. Es que la participación de todas las grandes potencias, principales contaminantes del planeta, permite atisbar que, al menos en este tema y más allá de las tensiones que se verifican en otras problemáticas también apremiantes para la seguridad, la economía y la política, puede existir colaboración internacional.
La cooperación en este campo tan afligente es vital. Más en este momento donde las palabras deben dar paso a los hechos concretos. Si esto ocurre, la cumbre virtual del clima de este agitado mes de abril podría haber sido un punto de inflexión, aun cuando persistan las dudas sobre cómo se financiarán estos planes que, en algunos puntos del planeta, obligarán a un cambio drástico de las condiciones de producción y del manejo de la economía.
