“Cabeza quemada”, así finalizan el año docentes, alumnos y padres
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El año lectivo 2020 será recordado no solamente por la irrupción de la pandemia sino también como una bisagra a la virtualidad que debieron adaptarse docentes, estudiantes y las familias. Ya queda poco del trayecto, pero nos preguntamos... cómo llegamos a esta época del año, qué debemos hacer para cumplir con los objetivos, qué cuestiones quedaron pendientes.
La pandemia también marcó un antes y un después en la escuela y en las formas de enseñar y aprender. Docentes ejerciendo su rol con clases y explicaciones en zoom o meet, entregas de trabajos en su mayoría de manera digital, chicos con nuevas rutinas de horarios y padres que debieron capacitarse y actualizarse en tecnología para ayudar a sus hijos.
Todos fueron asimilando paulatinamente este nuevo modo de transitar la escolaridad, pero llegando a fin de año la fatiga, el agotamiento, las ganas relajarse aparecen y se profundizan en una situación especial en la que surgieron miedos, incertidumbres y hasta enojos.
Ante la finalización del ciclo lectivo los estudiantes "se ponen las pilas" para acreditar los aprendizajes, recuperar algunos temas, ponerse al día con la entrega de las tareas y así culminar en el mes de diciembre.
El Ministerio de Educación determinó, que hasta marzo de 2021 podrán continuar la trayectoria escolar aquellos estudiantes que necesiten más tiempo para acreditar los espacios curriculares. Esta normativa, despierta en muchos el desafío de esforzase para finalizar a fin de año, esto genera cansancio, ansiedad, no sólo en los estudiantes sino en sus padres y docentes.
Por eso no es raro que algunas familias puedan experimentar a esta altura el conocido síndrome de Burnout, también llamado del "quemado" que es el agotamiento emocional, que genera en la persona determinados síntomas como por ejemplo ansiedad, cansancio, sentimientos negativos, dolores físicos, impaciencia, irritabilidad, entre otros.
La licenciada en Psicopedagogía, Silvana Busato (MP-322084) analizó esta realidad que nos afecta a todos y aseguró que aunque la situación es difícil y en algunos hogares causa agotamiento, "hay que tranquilizarse porque los chicos aprendieron y desarrollaron nuevas capacidades".
Añadió que al transitar la pandemia "se vislumbra que el futuro escolar será trabajando de manera dual, combinando lo presencial y lo digital. Esto implica un reto importante: poner en juego nuevas ideas pedagógicas y nuevos avances didácticos. Hay que aprender y apropiarse de las tecnologías".
Otra realidad
La pandemia transformó la realidad de la educación. Ya no hay pizarrón, ni suena el timbre, los recreos no se comparten con los compañeros en el patio de la escuela y los docentes llegan a los estudiantes a través de las plataformas virtuales, mientras los padres se convierten también en maestros acompañando a sus hijos en esta nueva manera de aprender y enseñar.
Esta situación inédita se convirtió en un desafío para todos al que de alguna manera se fueron adaptando, aunque al finalizar el año algunas familias experimentan agotamiento emocional o el famoso síndrome del Burnout que surge de la incertidumbre, los miedos, los cambios y las consecuencias que la pandemia trajo en cada hogar.
Sin embargo, no fue un año perdido, según analizó la licenciada en Psicopedagogía, Silvana Busato (MP-322084) quien aseguró: "Hay que tranquilizarse porque los chicos aprendieron y desarrollaron nuevas capacidades ya que el orden de contenidos se va dando, se van priorizando y se trabaja con una secuencia de temas, que se articulan a fin de garantizar los aprendizajes".
Consideró que hubo "una actitud muy responsable por parte de los docentes, que nunca dejaron de ejercer su rol, trabajando con los estudiantes y por parte de éstos y sus familias una respuesta en general favorable. Tuvieron que realizar nuevas experiencias y desarrollar nuevas formas de aprender, incorporando la digitalidad".
"Las escuelas durante este tiempo han acompañado, no sólo transmitiendo conocimientos, sino conteniendo, escuchando, motivando a cada estudiante y a su familia para hacer más llevadera esta situación", dijo.
Al respecto recordó a los estudiantes que finalizan la primaria y la secundaria. "En ellos hay que pensar, apuntando a programas curriculares que favorezcan el paso a un nivel superior".
Escuchar a los estudiantes
y contener a las familias
La psicopedagoga aseguró que el agotamiento surge de cierta presión del entorno, "por lo que, algunas familias, en estos momentos pueda estar desarrollando algunas de las características del burnout".
Cada familia transita este camino de un modo particular. El miedo al contagio del virus, el cuidado de familiares enfermos, el aislamiento y la reducción del ingreso familiar son factores que elevan los niveles de estrés.
"Es por eso que los docentes deben tener en cuenta el estado emocional y mental en el que se encuentran los estudiantes -aseguró Busato- y brindar herramientas para restaurar su bienestar emocional, a través de una videollamada, de actividades lúdicas, acercándose para brindar apoyo, para que expresen sus preocupaciones o miedos. Escucharlos es un derecho primordial".
El vínculo cercano, cara a cara del estudiante con su docente no lo reemplaza nada ni nadie. "La interacción entre pares es fundamental, necesaria y saludable para el desarrollo vital", afirmó la psicopedagoga.
Advirtió que la falta de presencialidad, en algunos casos "afectó el aspecto emocional, tanto de chicos como de adultos, lo que derivó en realizar consultas profesionales. En algunos casos, ante la complejidad de algunos contenidos, algunos estudiantes recurren a clases de apoyo pedagógico".
Sin embargo esta nueva manera de trabajo escolar tuvo varios beneficios. Busato dijo que nos interpeló "al desafío del manejo de las tecnologías, al desarrollo de nuevas habilidades expresadas a través de las pantallas, a manejar nuestras emociones, nuestras frustraciones, la capacidad de espera, fortaleció el trabajo en equipo, la escucha y la comunicación gestual". "Las dificultades, subjetivas, giran en torno a las características o perfil de personalidad y a posibilidades de acceso a la tecnología, a juegos, libros de cada persona", añadió.

Seguimiento escolar
y angustia en los padres
La psicopedagoga aseguró que hay algunos casos de estudiantes con gran intermitencia en la escuela virtual y ante estas situaciones la intervención desde las escuelas es inmediata.
"Se contactan directivos o docentes, con los padres y los estudiantes para brindar apoyo, motivación y orientación para logar una vinculación que le permita al estudiante transitar de manera regular su trayectoria. Se reprograman actividades, se asignas nuevas tareas para que los estudiantes puedan adquirir los contenidos prioritarios de cada grado o curso", afirmó.
Agregó que en estos casos, "los padres son quienes expresan, con angustia, que les resulta difícil que los hijos adquieran el hábito y la responsabilidad con las tareas académicas. Es fundamental acompañar a las familias para establecer prioridades y llegar así a fin de año".
La pandemia transformó la actividad de los padres, quienes también se capacitan para aprender a ayudar a sus hijos con sus clases en línea. La psicopedagoga dijo que es "necesario estar al pendiente de su educación y hasta tomar clase con ellos en el caso de los más pequeños".
"Los padres deben conocer el funcionamiento de las aulas virtuales -Classroom, Edmodo, entre otras-, para ir supervisando y acompañando la trayectoria escolar de sus hijos -aconsejó-. También pueden y tienen el derecho de solicitar reuniones virtuales con los docentes para expresar dudas o ideas, para solicitar orientación".
"La comunicación fluida es una herramienta que favorece los procesos de aprendizaje, ya sea de manera virtual o presencial. En los hogares, los espacios destinados para la 'escuela en casa', (lugar físico y horarios establecidos) favorecen el desarrollo de una rutina de trabajo", finalizó.
