Valle de El Manso: el paraíso entre El Bolsón y Bariloche
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Un paraíso de aventura y relax enmarcado enclavado en el sur de nuestro país.
El valle de El Manso es un paraíso escondido entre El Bolsón y Bariloche. Allí, donde parece detenerse el tiempo porque las cabañas funcionan con paneles solares, es el lugar ideal para desconectarse de todo.
El valle del río Manso ofrece uno de los escenarios más paradisíacos y las actividades más variadas. Rafting hasta el límite con Chile; pinturas rupestres de 8.000 años; cabalgatas por sendas y praderas; productos caseros y artesanías en sus chacras, y sobre todo el color esmeralda del río son los atractivos que convocan.

El trekking y el mountain bike son ideales para recorrer los senderos que se abren entre lengas, ñires, cipreses y coihues. Asimismo, las cabalgatas que ofrecen los lugareños permiten recorrer cada rincón andino.
Sus principales accidentes geográficos, los valles de los ríos Manso y Foyel, se unen a unos 20 kilómetros antes de que el río Manso ingrese a Chile por el Paso El León, a unos 390 metros sobre el nivel del mar. A lo largo de su recorrido se encuentran remansos, saltos y rápidos que hacen del rafting y el kayak actividades emocionantes para disfrutar en familia, sugiere el sitio web elpatagónico.com.
Con diferentes niveles de dificultad, y con la compañía de guías expertos, desde Bariloche y El Bolsón se pueden contratar empresas dedicadas a este tipo de actividades.
En la localidad también existe un grupo de prestadores de los productos turísticos para la excursión antropológica, rural y natural por la zona para conocer, por ejemplo, las pinturas rupestres (Piedra Pintada y Paredón Lanfré) que evidencian el paso de tribus nómades hace 8.000 años entre la costa del Pacífico y la meseta patagónica, hasta donde llegaban en búsqueda de animales de sangre caliente.
Un paraíso escondido

Aunque muchos creen que nada existe entre Bariloche y El
Bolsón, para alojarse hay cabañas y campings enclavadas en el medio de la
naturaleza donde se puede disfrutar de la tranquilidad.
La comuna carece de centro urbano, pero tiene una numerosa población rural dispersa a lo largo del río y de la Ruta Provincial 83 que corre desde la Ruta 40 hasta el paso fronterizo con Chile.
Actualmente viven en el ejido unas 1.500 personas. Las principales actividades económicas son la ganadería y la explotación forestal, pero crecen año a año los emprendimientos turísticos.
Muchos viajeros rescatan del lugar la amabilidad de los pobladores y la calidad de los productos que venden. En la misma villa de montaña funcionan dos ferias artesanales, con piezas en madera, dulces caseros y conservas, tejidos, hierbas medicinales y licores.
Aún con sus historias de bandoleros y contrabando, el valle de El Manso siempre fue considerado como la puerta de entrada para los pioneros chilenos que llegaron a colonizar El Bolsón a principios del siglo XX. Los primeros pobladores llamaron al lugar "El Paraíso", deslumbrados por el paisaje.
Con el correr de los años, y resuelto el conflicto limítrofe con Chile, se hallaron mapas de la zona (fechados en 1872) donde una avanzada de la marina chilena había bautizado el río con el nombre de Manso "por lo poco correntoso" del río que nace al pie del cerro Tronador y da identidad a la comuna.
Valle de El Manso es un lugar suspendido en el tiempo. Es una zona que aún se mantiene aislada del mundo, con la mística de los pobladores de principios de siglo.
